Como dice Zygmunt Bauman, “nuestra sociedad es una comunidad de consumidores en el mismo sentido en que la sociedad de nuestros abuelos (la moderna sociedad que vio nacer la industria) merecía el nombre de productores”, a demás de tratarse de Somos una sociedad de excesos y desechos viviendo en una economía de engaño.

Bauman nos define
como una sociedad moderna líquida, porque nuestras conductas personales cambian
antes de consolidarse nuestros hábitos colectivos. Los logros individuales no
llegan a solidificarse en algo duradero, los valores se cambian por gratificaciones
inmediatas y la insatisfacción constante se convierte en el motor de la
economía.
"Los triunfadores en esta
sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las
finanzas. Personas hedonistas y egoístas. El nuevo modelo de héroe es el
triunfador que aspira a la fama, al poder y al dinero…, por encima de todo, sin
importarle a quién se lleva por delante."

MODERNIDAD LÍQUIDA
Una vida fluida que hace de
nosotros, individuos cada vez más aislados y ajenos de una conciencia social,
dominados por los sentimientos de inseguridad.
En la modernidad líquida,
el mundo, las cosas, los animales y las personas son objetos de consumo, que
pierden su utilidad en el mismo momento de ser usados. Los objetos de consumo
tienen una esperanza limitada y, cuando sobrepasan este límite, dejan de ser
aptos para el consumo, se convierten en objetos inútiles. Así, la lealtad y el
compromiso son motivo de vergüenza más que de orgullo, porque son valores
duraderos.
En un mundo de carácter
empresarial y práctico como el que vivimos (un mundo que busca el beneficio
inmediato), todo aquello que no pueda demostrar su valor con cifras es muy
arriesgado. Por tanto, materias de estudio como la historia, la música, la
filosofía…, que contribuyen al desarrollo del ser humano -más que a obtener una
ventaja social, política o económica- son cada vez menos calificadas.
LA INDIVIDUALIDAD Y EL SENTIMIENTO DE PERTENENCIA
Este filósofo nos dice que
buscamos nuestra individualidad o autenticidad a través de la identificación
con un grupo social.
La sociedad nos obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, manejando un determinado auto… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a lugares que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers y todos se creen singulares a través de la identificación con otros.
“La lucha por la singularidad se ha convertido en el principal
motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son
singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos
singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los
objetos, y esto, evidentemente, requiere dinero.”
EL “HOMO ELIGENS”
Somos un “homo eligens”,
hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente
elige). El homo eligens es un yo permanentemente impermanente, completamente
incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico. El homo
eligens y el mercado de consumo conviven en perfecta simbiosis.
El mercado no sobreviviría si el homo eligens o
consumidor no se apegara a las cosas.
LA INSATISFACCIÓN COMO MOTOR
DE LA ECONOMÍA
Para Bauman, esta sociedad
de consumo justifica su existencia con la promesa de satisfacer los deseos
humanos como ninguna otra sociedad lo ha hecho, aunque esta promesa de
satisfacción solo resulta atractiva siempre y cuando los deseos no sean del
todo satisfechos.
La realidad es que la no satisfacción es el motor de la
economía. Y esta permanente
insatisfacción se sustenta por dos vías:
1- Denigrar y devaluar los
productos al poco tiempo de haber salido, sacando otros nuevos (obsolescencia
programada).
2- Satisfacer cada
necesidad o carencia de tal forma que dé pie a nuevas necesidades o carencias.
La sociedad consumista
triunfa solamente si mantiene a sus miembros insatisfechos, y esta situación va
más allá de la insatisfacción. En la sociedad consumista, la satisfacción
momentánea implica una felicidad momentánea. La condición, no obstante, que mantiene
funcionando a la sociedad del consumismo es la insatisfacción y, por lo tanto,
la infelicidad.
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